Colapso – Cap 2

2-TRENT Y ASHLEY

-¡Wow! ¡Esto sí es mierda de la buena!

Su colega Ashley se encuentra en punto álgido de un viaje psicotrópico al que han decidido entregarse para pasarlo bien el fin de semana. Ashley, además de ser su colega, es uno de sus mejores clientes, consumidor habitual, a su juicio demasiado habitual, del MLO.

-Deberás tener una ‘Z ‘ buena para esto.

Trent lo tiene todo preparado. Ha traído la mejor ‘Z’ del mercado. Ashley es su colega y no le va a meter en un problema.

Desde que el Gobierno legalizó las drogas, todos los comercializadores de sustancias consideradas como drogas disponen de las tarjetas ‘Z’, las cuales contienen códigos para detener los efectos de cualquier sustancia, por duras que puedan ser, así como aliviar las posibles secuelas que puedan dejar en el ‘cerebro’.

-Aunque de momento la ‘Z’ puede esperar. ¡Esto es alucinante!

Están tendidos en el suelo.

En el parque.

No recuerdan de qué ciudad.

La hierba se ha arremolinado bajo sus piernas, como si se estuviera colando por un sumidero de un color verde fluorescente. El sol luce más que nunca. Aunque está anocheciendo, la sensación de desconexión es total. Entonces aparecen los fractales.

Se ha hecho de noche.

Hay estrellas en el cielo.

Y ahora las estrellas se convierten en unos fuegos artificiales de millones de colores, mientras el suelo sigue ablandándose hasta convertirse en una nube de color verde fluorescente. Las personas del parque son espirales gelatinosas, como hechas de jabón, rosa fluorescente.

Y de nuevo aparecen los fractales. Imágenes caleidoscópicas de millones de colores (de nuevo), imágenes geométricas regulares e irregulares, según la simulación bioquímica que el MLO les está inyectando en el ‘cerebro’.

El sueño gelatinoso que siempre quisieron disfrutar. Los fractales repentinamente se transforman en imágenes de su vida real. Como si realmente estuvieran a punto de morir y sus vidas pasaran delante de sus ojos justo antes de divisar la luz al final del túnel. El túnel es una bóveda compuesta de imágenes de sus vidas. Como si alguien hubera pegado esas imágenes en la superficie abovedada del túnel. Infancia, adolescencia, sus padres, su primer beso, su primer ‘viaje’, su graduación. Incluso el futuro. La vejez. ¿La vejez?

Después del Volcado no hay vejez. Siempre jóvenes, como en aquella canción. ‘¿De verdad quieres vivir para siempre?’ Después del volcado la palabra vejez desapareció del vocabulario de millones de personas. De los millones de personas que compraron el Volcado. Pero en el ‘viaje’ de Trent y Ashley sí aparecen ellos reflejados en millones de espejos, y son viejos. No tienen cabello y en sus rostros, aunque reconstruidos, sí parecen atisbarse las arrugas que el tiempo ha ido esculpiendo. Lo que son ligeras marcas en la piel se van convirtiendo progresivamente en surcos gigantes, que son el rastro que un barco que navega abriéndose paseo por el hielo polar deja tras de sí, un barco que se dirige hacia el fin del mundo. Montañas heladas. Más montañas heladas. Más montañas heladas. Hasta que finalmente el barco se detiene. Pero el hielo sigue rompiéndose por debajo. El mundo se abre y el barco en el que Trent y Ashley navegan cae.

Cae.

Cae.

Cae.

Y entonces las imágenes del fin del mundo vuelven a ser fractales. Millones de aristas multicolores y posiblemente microscópicas, que forman figuras poliédricas moviéndose en espiral. Pulsos de sangre en el cererebro a 120 beats por minuto. La simulación es perfecta. El Volcado. Todo lo bueno y todo lo malo del volcado. Drogas sin daños colaterales, sin efectos secundarios, tan sólo viajar.

Viajar.

Caer.

El túnel.

-Wow…

Ahora están volando…

Las espirales que años atrás, cuando su viaje de hoy comenzaba, habían sido personas, les acompañan en el vuelo; pueden divisar todo el parque desde la altura, y pueden verse a sí mismos, convirtiéndose en espirales de un color blanco brillante, nacarado.

Están arriba.

Muy arriba.

Muy arriba.

Ingravidez.

Trent piensa que por hoy ya está bien y saca de su bolsillo dos ‘Z’. Una píldora de color naranja con una Z en tinta negra, con el símbolo de marca registrada. Le da una a Ashley.

-Ashley, suficiente, tío, cómetela.

Ashley se introduce la ‘Z’ en la boca y se la traga. Trent hace lo propio con la suya, esperando el efecto de los nuevos códigos, que deberían hacerles descender poco a poco hacia el suelo del parque, para fundirse consigo mismos, al tiempo que dejan de ser espirales. Los fractales desaparecerán y la imagen del parque que se suele tener cuando se está sentado sobre la hierba volverá a sus respectivos campos visuales.

Pero no ocurre.

Siguen ahí arriba.

Muy arriba.

Ingravidez.

-Algo va mal, tío.

Trent no nota el efecto. Ashely le mira con ojos de incredulidad, aunque en realidad sus ojos siguen siendo imágenes fractales con movimiento espiral alterno. Abajo, muy abajo, ellos siguen siendo dos espirales de color rosa fluorescente, y no descienden. Los fractales no se han esfumado del todo, de hecho, puede que sigan ahí durante mucho, mucho tiempo, al menos, es lo que sienten ahora.

-Trent, ¿qué broma es esta? Dame la ‘Z’ de una puta vez.

Trent está asustado, el viaje está durando más de la cuenta.

-No tengo más, ¡joder! La mía tampoco funciona, no sé qué cojones pasa, tío, de verdad. Estoy acojonado.

Ashley nota cómo sus ojos se llenan de lágrimas que parecen ‘reales’. El viaje está durando más de la cuenta, y ha dejado de ser placentero. El paraíso artificial que ha adquirido tiene un defecto de fabricación. Además, lo realmente placentero ha acabado antes de tiempo.

-Pues conéctate donde quiera que te tengas que conectar y carga otra ‘Z’.

Tras varios intentos, Trent se da cuenta de que ha perdido la conexión con el proveedor de códigos Z. Los malditos códigos Z. Hace tiempo que teme algo así. Nunca había fallado su conexión, pero en algún lugar de su conciencia siempre ha habido un pequeño reducto de intranquilidad en lo que tiene que ver con los códigos Z para efectos inversos de estados alterados. Hasta hoy se ha ganado bien la vida con estas mierdas y siempre ha actuado con profesionalidad y honestidad. Cero incidencias.

Hasta hoy.

Entonces desaparecen los fractales y una aire-pantalla se despliega delante de sus ojos, con un único mensaje:

ERROR DEL SISTEMA


5 comentarios

  1. Vale, ya estoy empezando a ver la linea que une las historias de Colapso… Y mira que es asquerosamente obvio XD
    Curiosa la idea de un error en las drogas, es muy novedosa.

  2. Sería gracioso eso de pagar impuestos al gobierno por drogas… Bueno, me refiero a drogas que no sean las actuales, como ciertos medicamentos, tabaco y alcohol…
    Seguramente de estas drogas digitales también se sacan dosis extra cortandolas y diluyendolas. ¿Vendrá de ahí el fallo de la «Z»?
    El relato va muy bien. A ver a dónde nos conduce este… «viaje» 🙂