La baulera de Allmanzor: Heavy Metal.

Compañeros del cosmos Exegesiano. Amigos del viaje visual y mental. Llega el momento de hablar de una película que conjuga perfectamente nuestra pasión por el cómic y la ciencia ficción.

HEAVY METAL, 1981.

Dirigida por Gerald Potterton, esta coproducción entre Estados Unidos y Canadá constituyó la plasmación animada del contenido de la revista de comic adulto del mismo nombre que se publicaba en

América del Norte, hermana de la francesa Metal hurlant y la española 1984.

El proyecto se planteó como una serie de sketches de animación de algunas de las historias que habían aparecido con anterioridad en la revista, pero unidas todas bajo un hilo conductor común: el Loc-nar, una esfera verde que constituye la suma de todo el mal del universo.

Asistimos de esta manera a una película dividida en capítulos, que nos muestra la codicia, la perdición y la desgracia de unos personajes pintorescos y curiosos.

El principio no puede ser más llamativo, con un trasbordador espacial llegando a la Tierra y del cual sale un astronauta pilotando un coche deportivo de los años 50, en caída libre hacia la superficie del planeta, para pasar después a una Nueva York futurista. A través de esta película, viajaremos a mundos antiguos dominados por la superstición, a gigantescas estaciones espaciales donde se juzga a criminales con una lista de delitos interminable (“Declárate culpable, Stern, a lo máximo que podemos aspirar es a que te entierren en un lugar secreto para que no violen tu tumba…”), y veremos pilotos zombis en un bombardero perdido en la noche, y extraterrestres drogadictos rumbo a una astronave con destino desconocido… En fin: un auténtico derroche de situaciones rocambolescas adornadas con ácido sentido del humor, sexo y buena música.

La música, precisamente, merece mención especial, al reunir a un puñado de los artistas más potentes de la época. Canciones pegadizas y bien integradas en la película, acompañando de forma excepcional algunas de sus secuencias, pero que comparten espacio con piezas orquestales al estilo de los grandes scores cinematográficos y que hacen que el segmento final, titulado Taarna,  adquiera un aire apoteósico.

Como anécdota, señalamos la participación del dibujante argentino Juan Giménez, quien se hizo cargo del diseño de personajes, ambientes y story-board del segmento titulado Harry Canyon.

Y como advertencia, conviene saber que existe una continuación: Heavy metal 2, de 1999, que como no podía ser de otra manera carece por completo de la magia, el humor y la genialidad de la primera.

En conclusión: estamos ante una película de culto que goza del atractivo de estar íntimamente relacionada con el comic y la ciencia ficción. Una película con mucho humor, acción y mundos extraños. Puede que peque de excesivo lenguaje vulgar, pero quien suscribe no puede evitar las carcajadas ante algunos de los diálogos de la cinta.

Perdérsela, es perderse el pasaje para un viaje indispensable.

2 comentarios

  1. Hace unos meses la ví denuevo después de muchos años;a pesar del tiempo transcurrido desde que se hizo,al igual que » Tygra,hielo y fuego»( aunque es un género distinto ) o «Akira»,como el buen vino,parecen mejorar con los años;igual suerte han corrido series como «Ulises 31″,»Capitán harlock» o «Cowboy bebop» ( ésta última algo más reciente );animaciones de ciencia ficción bien hechas… para durar.

  2. Coincido plenamente contigo, Pedrol. No hace mucho que adquirí la serie completa de «Ulises 31», pera recordar la infancia y me sorprendió su calidad, vista con los ojos actuales 🙂  Tygra es una obra maestra y Akira goza de una modernidad, a pesar se haber sido realizada en el lejano 1989, realmente apabullante. Heavy metal tiene un puesto mítico en el cine de animación (yo aí hablar mucho de ella antes de verla por primera vez) y no puedo evitar relatar una anécdota real presenciada por mí: un muchcacho preguntó a la dueña de un videoclub si tenían la pelicula «Heavy metal». La señora, con cara de estupor le respondió: «¿…pero… eso no es un estilo de música..?» 😀