
En exégesis, desde hace más de un año, ofrecemos en cada número siete series (de cómic, de novela y de relatos) que siempre van escoltadas por variopintos trabajos de las mismas características además de los habituales artículos de la sección de noticias. Que semejante producción creativa se prolongue en el tiempo es signo inequívoco de que los autores participantes superan sus propios límites. Pues no es tarea fácil ser fiel y puntual al compromiso creativo, más aún cuando jugamos en la liga amateur.
En el presente número asistimos al último capítulo de “Allman”, una de las series más longevas de la revista (que se compone nada menos que de setenta y ocho páginas a todo color). En el número quince también asistimos al final de otra serie de estas características como es “El cielo está enladrillado”. Y no podemos olvidar otras series como “Nuestro discreto Apocalipsis”, “Óxido”,“2059” y “Depósito de miseria”. Todas ellas realizadas con mucho esfuerzo y sacrificio hasta alcanzar la tan ansiada palabra “Fin” en la última de sus páginas. Esto es un motivo de orgullo para el equipo editorial de la revista, y es todo un honor estar presente en su génesis.
Quiere la causalidad, que no la casualidad, que diferentes autores de todo el mundo nos encontremos en esta humilde publicación virtual, y hagamos realidad nuestros sueños de ver publicado una obra nuestra. Exégesis lo hace posible, y todos sabemos por qué.
Porque esto es ficción.
Ciencia ficción.
Esto es Exégesis.
Julio – Agosto 2012. 86 páginas.
El número decimoctavo de Exégesis se abre con cuatro potentes cómics que dan paso a los relatos ilustrados y las ya conocidas series “Colapso”, “Allman”, “Efemérides”, “Seco”, “Los hijos de la orfandad” y “Caminantes”. Las habituales secciones “La baulera de Allmanzor” y “El ojo del exégeta” son el preámbulo de los acostumbrados extras.
ÓXIDO, de Pedro Lobato.

SOBRE NUESTRO AUTOR INVITADO
Juan Manuel Valitutti (Argentina, 1971) es docente y escritor. Ha publicado cuentos en los principales medios digitales y de papel de ciencia ficción y fantasía. Finalista en el concurso “Mundos en tinieblas” en sus ediciones 2009 y 2010, también ha sido seleccionado en el contexto de la primera Convocatoria de Relatos de Horror y Ciencia Ficción organizada por Exégesis/Nocte. Sus cuentos han sido traducidos al catalán para su aparición en la revista Catarsi, y son otras muchas las publicaciones de ciencia ficción que han publicado trabajos suyos. Juan Manuel exhibe en su literatura una gran capacidad para el género de ciencia ficción. Sabe contar historias tanto entretenidas como profundas, y hace gala de ello intercalando estas características en sus obras. Su primer trabajo publicado en Exégesis fue “Despunta helios”, en el tercer número de la revista. Desde entonces cuenta ya con diecisiete publicaciones, de las cuales destaca ese personaje manco, de extraña prótesis cibernética, llamado “El Taco Furhias”.
Su blog de exposición: Crónicas del caminante
Sus trabajos en Exégesis: Juan Manuel Valitutti
Los calabacines se amontonaban en el cesto de Gretel, conforme progresaba por uno de los pasillos de servicio del invernadero. Su anfitrión, un viejo modelo D-4, seguía el trayecto de la chica como un torpe cangrejo expuesto al sol por la marea baja.
—Dime, D-4, ¿por qué cuidas de un huerto? Tú no comes, eres una máquina.
—Conservar semillas. El legado biológico no debe desaparecer.
Zumbó el autómata su letanía de frases precisas, contundentes.
—Vosotros, los robots, sois gente muy rara —sentenció Gretel.
—¿Qué es robot? —lanzó al aire la vieja máquina otro ordenado acopio de sonsonetes.
—Un monstruo metálico que siempre se enamora de la chica e intenta raptarla —se mofó la muchacha.
—¿Qué es enamorar? —reprodujo D-4 con una serie de pitidos derivados de su desajustado modulador sónico.
—Es lo que sentimos Hansel y yo el uno por el otro.
—¿Qué es sentir?
—¡Oh!, ¡déjalo ya!, ¡estúpido armatoste!
Gretel arrancó el último calabacín de la última mata, en el final del pasillo.
—Con ellos haré una buena sopa —afirmó la chica.
—Debes darme uno. Conservar semillas —accionó el cangrejo de artificio una nueva serie de zumbidos, siguiendo los pasos de la joven.
—Lo siento. Estos irán todos a un puchero de agua hirviendo. Las matas producirán más flores.
—No flores. Final de temporada. El legado biológico no debe desaparecer. Debes darme uno.
La chica abandonó el invernadero desoyendo las peticiones del viejo modelo. D-4 fue tras ella repitiendo su retahíla de súplicas con aquel tono metalizado.
—Debes darme uno.
Con un rápido movimiento envolvente, el ingenio cerró el paso a la chica. Sus tres pares de patas abrieron surcos en el césped, al describir una media luna para pasar de la espalda al rostro de Gretel. D-4 aceleró la actividad de los pistones que desplazaban las cámaras de visión de sus encuadres.
—Debes darme uno.
Las pinzas del autómata aferraron con fuerza la muñeca de la chica. La cesta de calabacines cayó al suelo y Gretel chilló dolorida y asustada. Hansel acudió en su ayuda desde detrás de la caseta. Sostenía un hacha en las manos, pues había dedicado la mañana a cortar leña.
D-4 soltó a su presa y enfocó dos ojos sin brillo hacia la figura que se arrojaba sobre él, con la terrible arma empuñada. Hansel destrozó los dos ojos, así como sus otros dos gemelos de idéntico ajuste y proporción. La criatura, con la desorientación de la ceguera, rotó sobre sí misma a gran velocidad. Sus pistones seguían moviéndose, convulsos y vacíos.
El humano continuó con su descarga de hachazos sobre la máquina. D-4 basculó hacia un lado, como un gran buque que escorara tocado por un torpedo enemigo, y todo su peso, perdido el centro de gravedad, actuó como un lastre arrojado a un fondo marino. El ingenio tecnológico cayó al suelo cual electrodoméstico desechado sobre un montón de chatarra.
—¡Basta!, ¡basta! ¡Vas a matarle! —imploró Gretel.
Hansel descargó su furia sobre el cuerpo indefenso de D-4, hasta que sus patas articuladas dejaron de moverse.
—No se puede matar lo que no está vivo —argumentó el chico.
Gretel se acercó a la criatura que les había dado comida y cobijo. Con lágrimas en los ojos, aproximó su rostro a la abollada cabeza, indistinguible del torso, con el propósito de hacer entrega de uno de los calabacines que había recogido del suelo.
—Toma tu calabacín. Cógelo. El legado biológico no debe desaparecer.
Resulta indiscutible que, desde que la Humanidad ha ido comprendiendo mejor el firmamento y los peligros que este contiene, el miedo al bombardeo de asteroides crece y se vuelve más real año a año.
Tunguska, Rusia, en 1908 y otro impacto en 1947 cerca de Vladivosyok, demostraron que aunque tales asteroides cayeran en regiones deshabitadas, sólo unas pocas horas y kilómetros los había separado de grandes centros urbanos.
Este peligro provocado por esos objetos celestes constituye el inicio de una de las más grandes novelas de ciencia ficción, escrita por uno de sus mayores representantes:
Cita con Rama. Arthur C. Clarke. 1972

Llegados al año 2130, la vigilancia exhaustiva de los diferentes cuerpos celestes que vagan por el sistema Solar, da con algo distinto y enigmático. Bautizado con el nombre Rama, en honor al Dios Hindú, el objeto detectado pronto llama la atención por su naturaleza cilíndrica, con unas medidas de cincuenta kilómetros de largo por dieciséis de diámetro que, a todas luces, hacen pensar en un origen artificial. El objeto ha entrado en el sistema Solar y pronto se calcula que su trayectoria lo llevará hacia la zona interior del mismo, por lo que una astronave en misión de exploración es desviada, con nuevas ordenes, y dirigida a un encuentro con el formidable cilindro.
Tras un rápido examen exterior, la nave se posa en la parte frontal del objeto, según su sentido de avance, y los tripulantes descubren una compuerta. Lo que encuentran dentro del cilindro, constituye uno de los ejercicios imaginativos más portentosos de la ciencia ficción. Ejercicio que involucra a la capacidad de imaginación del propio lector y que puede llegar a provocar autentica sensación de vértigo: Rama resulta ser un ecosistema, un mundo cerrado y adherido a las paredes internas del cilindro. En un primer momento, el interior del recinto permanece en la más absoluta oscuridad, pero al ir acercándose al Sol, se producirá un despertar de la luz y la actividad, lo cual dará pié a algunas de las más espectaculares escenas y situaciones de los protagonistas. La gran aventura ha comenzado.
Ganadora de los más prestigiosos premios de la ciencia ficción, como el Hugo, el Nebula, y el John W. Campbell, Cita con Rama nos ofrece la descripción de un mundo surrealista, plagado de misterios y con unas proporciones que ponen a prueba la capacidad de asombro y visualización del cautivado lector. La concepción de gigantescos mundos cilíndricos, en los que la rotación crearía una sensación de pseudo-gravedad que permitiría hacer una vida normal mientras terreno, ciudades, caminos, e incluso ríos y lagos permanecen fijados a sus paredes no era nueva ni mucho menos, pero Clarke supo dotar a esta idea de un toque distinto. Aprovechando la peculiar estructura interna de un mundo de estas características, sus descripciones y soluciones científicas a los problemas físicos planteados son de una maestría indiscutible. Sólo imaginar la escena en que uno de los personajes vuela por el eje del cilindro, allí donde no hay gravedad, a ocho kilómetros de altura en todas direcciones sobre la superficie, pudiendo ver el colosal hábitat en toda su magnificencia, puede poner los pelos de punta y provocar mareos.

La novela tendría continuaciones, con la ya consabida inferior popularidad con respecto a la original, y en las que se daban soluciones al lugar de procedencia de Rama y a sus constructores. Pero el misterio, la magia e incluso las dudas no resueltas de la primera novela hacen de ésta la única verdaderamente recomendable.
Cita con Rama es, en definitiva, un más que acertado argumento de ciencia ficción, con adecuadas dosis de aventura, tecnología y locura. Una de las novelas más famosas no sólo de su autor, si no también de la literatura fantástica en general. Una lectura imprescindible para quien quiera tener algo de fundamento en nuestro querido mundo de la ci-fi.